En la víspera de Navidad, Oliver Thomas, un niño de ocho años, sale de la cabaña familiar en un rancho cubierto de nieve para cumplir una tarea sencilla: llenar un cubo de agua en el pozo cercano. Poco después, su familia advierte que el niño no regresa.
Cuando los adultos salen a buscarlo, encuentran algo desconcertante. En la nieve se distinguen claramente las huellas del pequeño que avanzan hacia el pozo. Sin embargo, a mitad de camino las pisadas se detienen de forma abrupta. En el suelo queda el cubo que Oliver llevaba consigo, caído sobre la nieve, mientras el pozo permanece unos metros más allá.
No hay señales de lucha, ni rastros que indiquen que el niño continuó caminando en otra dirección. Las huellas simplemente desaparecen, como si Oliver se hubiera desvanecido en mitad de la noche.
Este inquietante episodio dio origen a una de esas historias que circulan durante años entre quienes se interesan por los enigmas y las desapariciones inexplicables.
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